
El día de hoy ha sido como el tiempo atmosférico en Pamplona: muy cambiante. Comenzó con un tempranero paseo en coche hasta el centro de la Obra en el que he celebrado la Misa. Las sierras cercanas a Pamplona hacían de pantalla que impedía al sol golpear directamente mis ojos, pero no impedían que todo apareciese ante esos mismos ojos bañado por una deliciosa y suave luz amarillenta. Con razón, pensé mientras aparcaba, los impresionistas se obsesionaban con inmortalizar en sus lienzos estos fugaces momentos en que los paisajes se visten de largo.
Ya en la mesa de trabajo me enfrenté con un asunto que me está volviendo loco… y me enfadé. Fueron nubes que descargaron una tormenta veraniega, como la que después envolvió a la ciudad. ¡Qué contrase entre la luminosidad del amanecer y la penumbra de la tarde cubierta! Pero no me duró mucho el enfado. Hice lo más sensato cuando uno se enfada: desenfadarme y decir "lo siento".
Por la tarde, recibí un mail de Javier. Está atendiendo una labor pastoral con chicas jóvenes y a la vez está preparando una conferencia para un importante congreso de canonistas. "Aquí les hablo de la Ratio nelle fonti –me decía refiriéndose al título de la conferencia – y obnubilan sobremanera". No me extraña, pensé yo, que las pobres chicas alucinen con semejante argumento, aunque, conociendo a Javier, es seguro que se habrán reído tanto como yo. Qué a cada día no le falte una sonrisa, aunque sea en medio de una tormenta!

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